Encontrándome sumida es mis pensamientos, no encontré nada mejor que salir a despejar mi mente; después de mucho caminar por las calles, entendí que no hay mucho propósito de alegría, de esperanza o de ganas de vivir, si no todo lo contrario, la desolación y el aislamiento es lo que quizás me espera. Es como ir a la guerra y ver como tu tropa (o lo que queda de ella) es arrasada sin piedad:
“ ...Y con la superficie dañada por aquel duro terremoto, en otras palabras, ha sido dañado por completo; las tropas ya están demasiadas cansadas para continuar, nuestros hombres se han reducido a la mitad, las medicinas escasean y nuestros mejores hombres yacen mirando el suelo ensangrentado, todo se ha vuelto contra nosotros, nuestra patria no nos reconoce, ni nuestras familias han sabido valorar el gran sacrificio de estos jóvenes que asistieron a la guerra con valor y honor; en estos momentos para ellos su único deseo es morir ahora, en instantes, para detener su dolor y agonía, esto no esta muy alejado de la realidad, en otras palabras suicidarse es la respuesta, ya bastantes lo han hecho y no me sorprendería que otros lo hiciesen. Después de todo ya no tienen un propósito para existir.
Nadie sabe por todo lo que estos hombres han pasado, noches en vela, un tiempo escaso para descansar y semanas sin comer, respecto a esto último, la mitad de las provisiones se perdió en el terremoto y la otra gran mayoría fue comida por las ratas, lo poco y casi nada de alimentos que quedaban nos la hemos robados nosotros mismos, ha tal extremo, que ya no son sólo hojas y troncos de árboles lo que comemos, si no que carne humana, ya no importaba si estaba en estado de putrefacción llena de moscas; aquello era un espectáculo estremecedor.
De todas maneras ese esfuerzo (ir a la guerra) no ha valido la pena, nadie les retribuirá, nadie los elogiará, nadie les construirá alguna tumba, ni pronunciarán sus nombres, nadie les dará las gracias por arriesgar su vidas he intentar protegerlos, a estas alturas a nadie les interesa que sigan con vida. Habrá que acostumbrarse, así de fría y cruda es la vida: nada es para ti, ni para mí, solo hay que dejarse llevar por la tierra inhóspita que nos llama (la muerte) y los deseos que nos aclaman día a día, es tan solo una idea que otras mentes esconden celosamente años y hasta toda su vida, sin saber de que este pensamiento, yace adherido a cada uno de nosotros (o sea dejar de sufrir)...”
Levanté la mirada, me encontraba bajo un paradero de micro, al parecer mis pies me llevaron exactamente donde me podía refugiar de la lluvia a cantaros que caía, después de un rato se normalizó y seguí caminado viendo caer las gotas de lluvia:
“…Así somos tan insignificantes como una gota de lluvia, al caer se encuentra sola entre muchas, nadie nunca más la recordará, asimismo llegaría a ser el destino de algunos que han de preferir estar solos y llegar a ser como ermitaños. Sola estoy, sola quedaré y sola moriré; creo es mucho mejor así, y no me arriesgaré a la lástima de los demás que me rodean, ya que no me conocerán y no sufrirán por mí.
Ja ja ja todo esto que he estado pensando me suena a una actitud suicida y a una autoestima despreciable hacia el mundo y a mí misma; no me llegaría a sorprender que muchos pensarán eso. Pero todo se puede ocultar con una falsa imagen, idealmente todo lo contrario al interior de uno, aunque es muy difícil llegar a controlar los sentimientos, pero al fin y al cabo se logra, se anulan (y se llegan como a olvidar) sentimientos como el afecto, el cariño; esto te puede dejar con mucho resentimiento, odio, hipocresía, pero ya nada te volverá a causar daño, sólo amenos que se quite esa barrera que una ha creado, y siendo sincera, la mía parece de acero. Después de cambiar no hay vuelta atrás, en otras palabras, no hay retorno hacia el pasado, solo unos cuantos recuerdo vagos...”
Sentí un golpe en el brazo, y paré; al parecer alguien que pasó a mi lado (deduzco que algo apurado) no se había dado cuenta de mi presencia, ya que no paró a disculparse, ni miró hacia tras; después de estar parada unos minutos, continué caminando sin trayectoria fija:
“…Pobre mortal, a él también le espera un futuro como el mío…”
Miré a mí alrededor y me sentí realmente ignorada, la verdad nadie me prestaba atención, me pareció un poco extraño, hasta que vi un amigo pasar cerca de mí. Me disponía a saludarle hasta que pasó de largo:
“…Quizás no me reconoció, sí eso debe haber sido..., así mismo algunas personas pretenden decirse amigos pero realmente, se podría decir que ni lo intentan. Es como yo lo pensaba: es mejor alejarse de lo que te puede causar sufrimiento, o sea, de todo…”
Enfadada por lo ocurrido encontré mejor regresar a casa. Aquella salida sólo me sirvió para tomar aire y mojarme un poco, pero para comprender que:
“…Es la historia de mi vida... pobre consuelo el mío, pero ya es tarde y estoy lejos de casa…”
Me senté en el paradero de micro y le hice dedo a uno (llegaba justo cuando lo necesitaba), pero al parecer como me encontraba sola no quiso parar, y siguió de largo con su recorrido habitual. Pasaron otras tres, y ninguna se detuvo. Lo único que me quedaba era llegar a pie a mi casa:
“…De todas maneras este día ha sido algo extraño, pero me ha demostrado lo que yo más temía y me imaginaba, puesto que realmente ha sido como mi patria, nadie me reconoce, nadie sabe lo que estoy sintiendo, a nadie le interesa mi presencia, es como ser esa sola gota que se queda en la ventana, la última hoja que cae en otoño, sola, triste y abandonada...”
Sinceramente no me di cuenta cuando me encontraba frente a la puerta de mi departamento, saqué las llaves, pero fue inútil, la puerta se encontraba abierta; entré, vi cintas amarrillas que decían “zona restringida” (se encontraban cerca de mi habitación) y luego a unos hombres de traje azul que tenían en las espaldas el logo de “Investigaciones de Criminología de Chile”. Me acerqué a uno de ellos para preguntarle qué pasaba, pero mi atención se desvió a algo que al parecer era un cuerpo humano, era el de una chica joven, se encontraba tirada en el suelo, no presentaba heridas de agresión ni de violación, a su lado se encontraba un vaso de vidrio roto con agua y cuatro pildoreros vacíos.
Como nadie de los investigadores me dijo nada, me acerqué a ese cuerpo inerte, miré fijamente su rostro y una sensación de horror y desesperación se apoderó de mí. En ese momento entendí:
“Por qué nadie se interesó por mí, por qué ese hombre no se disculpó al pasarme a llevar, por qué mi amigo me ignoró, por qué el taxi bus no se detuvo, por que ninguno de los investigadores me dijo nada, por qué estaba ese cuerpo ahí. Todo se reducía a una oración: yo me había suicidado.”